
Mientras, la cigarra, que andaba cantando y bailando con los amigos en los bares de la ciudad, aprovechó el sol y disfrutó muchísimo sin preocuparse por el invierno.
Pasados unos días, empezó a hacer frío.
La hormiga, exhausta de tanto trabajar, se metió en su pobre hormiguero repleto hasta el techo de comida. Alguien la llamó desde fuera y cuando abrió la puerta, se sorprendió al ver a su amiga la cigarra dentro de un Ferrari y con un valioso abrigo de pieles.
La Cigarra le dijo:
– ¡Hola amiga! Voy a pasar el invierno en París ¿podrías cuidar de mi casa?
La Hormiga respondió:
– Sí, claro… desde luego. Pero ¿dónde conseguiste el dinero para ir a París, comprar este Ferrari y ese abrigo tan bonito y caro?
Y la cigarra respondió:
– Estaba cantando en un bar la semana pasada y a un productor le gustó mi voz. Firmé un contrato para hacer actuaciones en París.
A propósito, ¿necesitas algo de allí?
– Sí, dijo la Hormiga. Si te encuentras con La Fontaine, ¡Mándalo al carajo de mi parte!
Moraleja: Trabajar demasiado solo trae beneficios en las fábulas de La Fontaine. (autor de la fábula original)













